Sororidad

La palabra sororidad significa hermandad entre mujeres, el percibirse como iguales que pueden aliarse, compartir, aprender, nutrirse y, sobre todo, cambiar su realidad.

Si sana una, sanamos todas.

Sororidad. Escuché por primera vez la palabra bajo las telas de la Carpa Roja Venezuela. Me gustó el sonido. Integré intelectualmente el concepto. Pero del entendimiento a la comprensión hay un trecho a veces largo llamado experiencia.

Yo fui de esas chicas a las que no les gustó nunca la compañía de otras chicas. Nunca tuve problemas en relacionarme con hombres, en estar rodeada por ellos. I really like boys. De mis mejores amigos, aún la mayoría son hombres. Entre ellos no siento que tengo que estar compitiendo, como me sucedía en la mayoría de los grupos de chicas en mis ambientes de estudio y trabajo. Sí, una competencia feroz por ver quién estaba “más buena”, era más sexy, “levantaba” más, tenía el novio más rico o más guapo, la vida sexual más intensa, la mejor ropa… Uff, ¡Qué cansancio!; ¿Vamos por una cerveza, muchachos?

Cuando necesité, por razones de salud, investigar cómo es que funcionaba mi cuerpo –un cuerpo de mujer-, y empecé a interesarme el tema de los asuntos de género, la feminidad, y el feminismo; el génesis de esta competencia se me mostró como un asunto cultural, una imposición que aceptamos, uno de los tantos clichés que adoptamos porque “la vida es así, siempre lo ha sido y siempre lo será”. Y resulta que no. Este asunto de la competencia entre mujeres es una más de las creencias limitantes que se anclaron en nuestro subconsciente a medida que íbamos creciendo. Y, como todas las demás creencias y paradigmas que no contribuyen a nuestra felicidad, podemos cambiarlas y construir nuevas realidades.

Con el tiempo descubrí mi capacidad de nutrirme a mí misma, y empecé a comprender la magia y las ventajas de compartir mi historia con otras mujeres en un espacio de confianza y cooperación. Me amo un poco más, respeto más mi cuerpo y en definitiva I really like girls. Esto de la sororidad dejó de ser una abstracción, un asunto meramente conceptual y ha empezado a ser una forma de ver mi vida y mis relaciones.

Aún no soy de esas mujeres que en cuanto entran a una reunión de Carpa Roja o de cualquier círculo femenino enseguida llaman “hermana” y abrazan a todas las presentes como si el mundo se fuera a acabar mañana. De hecho no sé si me convertiré en una de esas mujeres algún día. Y no importa en realidad, porque, he de confesar, I really like myself now. Si. Cada vez más. Tal como soy. Dicen que la caridad entra por casa. Parece que la sororidad también.

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